lunes, 1 de diciembre de 2014

Los misterios del planeta rojo



Corría el año de 1906 cuando el renombrado astrónomo americano Percival Lowell anunciaba mediante su publicación Marte y sus Canales, la posible existencia de vías de irrigación sobre la superficie marciana. Sus investigaciones se habían visto influenciadas por los descubrimientos de otro colega, Giovanni Shiaparelli, astrónomo italiano que en 1877 descubrió unos extraños surcos en la superficie del planeta rojo a los que se refirió como “canali”. Lowell creía que el agua proveniente del hielo de los polos discurría por dichos canales, enfatizando además que las zonas oscuras del planeta correspondían a zonas de vegetación, y las claras, a zonas de desierto. Hasta aquí las teorías de Percival podrían ser aceptadas –o aceptables–, al menos de cara a futuras investigaciones, pero Percival quiso ir más allá y se atrevió a promulgar que los mismos habían sido construidos por una civilización inteligente como método de subsistencia.


            

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